La Ruta PY02, la arteria vial más crítica para el comercio y la movilidad en el este del país, ha quedado nuevamente virtualmente anulada en varios de sus tramos por hileras de camiones de gran porte. La ocupación de banquinas y sectores de la calzada desde el kilómetro 26 en Minga Guazú hasta el centro de Ciudad del Este —con una sola tregua física entre el kilómetro 12 y el kilómetro 5— expone un problema estructural donde el interés público cede ante la falta de previsión y gestión institucional.
El fenómeno responde a una mecánica repetida: cientos de transportadores cargados con soja, trigo y otros rubros agrícolas con destino al Brasil se agolpan a la espera de completar trámites aduaneros. Lo que debiera resolverse dentro de predios logísticos delimitados termina trasladándose a la carretera nacional, transformando la infraestructura pública de Alto Paraná en un espacio de estacionamiento improvisado a cielo abierto.
Un cuello de botella operativo en Algesa
El punto focal de la congestión se sitúa en el kilómetro 12,5 de la Ruta PY02, donde opera la terminal privada Algesa. Al funcionar como la única área aduanera primaria habilitada en la zona para el despacho y control de estas cargas de exportación e importación, la concentración de vehículos pesados se vuelve inevitable bajo el esquema actual.
Según se ha cuestionado desde diversos sectores productivos y de transporte, la habilitación de un solo recinto genera una concentración que satura la capacidad operativa. Pese a los reiterados reclamos para descentralizar los controles mediante la habilitación de otros puertos privados de despacho, la administración estatal ha mantenido la exclusividad operativa en dicha terminal, consolidando un esquema que traslada los costos operativos y el riesgo vial al resto de la sociedad.
Riesgo vial y costos para la ciudadanía
Las consecuencias de esta saturación afectan de manera directa la economía cotidiana y la seguridad de quienes transitan por el departamento. Circular entre columnas de camiones detenidos implica desplazarse con visibilidad reducida, maniobrar en espacios mínimos y afrontar maniobras de alto riesgo en los accesos a barrios y comercios bordantes a la carretera.
El peligro se consolida en horarios nocturnos o durante jornadas de lluvia, momentos en que la presencia de vehículos pesados sobre las banquinas elimina los márgenes de maniobra ante cualquier emergencia. La reiteración de accidentes en la zona, algunos de ellos con derivaciones fatales, evidencia que no se trata de una molestia pasajera, sino de un factor de riesgo permanente no resuelto por las autoridades de tránsito y de transporte.
La persistencia de estas filas de más de 20 kilómetros deja abierta una pregunta de fondo: hasta cuándo la eficiencia logística del comercio exterior seguirá dependiendo del sacrificio de la seguridad vial de miles de ciudadanos que transitan diariamente por la principal red vial del país.
