La detención de Raúl Fernández Lippmann, registrada en la madrugada de este jueves en su residencia del barrio Loma Pytã de Asunción, marca un punto de inflexión tardío pero simbólico en uno de los escándalos de corrupción judicial más graves de la última década en Paraguay. El exsecretario del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM) se encontraba prófugo tras confirmarse su condena a siete años de prisión por su participación activa en el esquema de tráfico de influencias y asociación criminal revelado en el año 2017.
La captura, ejecutada por agentes de la Policía Nacional, pone bajo custodia al operador clave de una estructura que, según la investigación fiscal y las pruebas judiciales, instrumentalizó la justicia paraguaya para extorsionar a jueces y fiscales, direccionar causas y proteger a aliados políticos. Fernández Lippmann no era un actor secundario; era el ejecutor de las directivas emanadas desde la presidencia del JEM, entonces ejercida por el fallecido exsenador colorado Óscar González Daher (OGD).
El peso del caso que desnudó al JEM
El caso, conocido colectivamente como los “audios del JEM”, estalló tras la filtración de grabaciones telefónicas donde se escuchaba nítidamente a Fernández Lippmann coordinar imputaciones, negociar medidas cautelares y presionar a operadores de justicia. La condena de siete años de pena privativa de libertad ratificó la existencia de este esquema de corrupción institucionalizada que operaba en el corazón del órgano constitucional encargado de juzgar a los magistrados.
La detención en su vivienda de Loma Pytã se produce tras agotarse los recursos dilatorios interpuestos por su defensa técnica a lo largo del proceso. Con esta medida, la justicia busca cerrar el capítulo de impunidad que rodeaba al exsecretario, cuya reclusión efectiva representa un mensaje ineludible sobre la responsabilidad penal de los altos funcionarios públicos en el ejercicio de sus cargos.
