Paraguay acaba de registrar un hito largamente esperado para su sector frutihortícola: el envío de 21.000 kilos de sandías con destino a Uruguay. Esta operación representa la primera exportación histórica de esta fruta producida en suelo nacional y se concreta bajo el paraguas de un estricto Plan de Trabajo para la exportación de frutos frescos de cucurbitáceas. El hecho no es menor si consideramos la necesidad imperiosa de diversificar nuestra matriz agroexportadora, históricamente dependiente de la soja y la carne, y de generar alternativas reales de ingresos para los pequeños productores del interior.
El primer cargamento de esta fruta proviene de fincas ubicadas en el distrito de Guajayvi, en el departamento de San Pedro, una zona con tradición en este rubro pero que hasta ahora se limitaba a abastecer el saturado mercado interno. Para lograr cruzar la frontera, el cargamento tuvo que someterse a rigurosos procesos de inspección y fiscalización en origen, una tarea que estuvo a cargo de los técnicos del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave).
Las exigencias detrás del nuevo mercado
¿Qué significa realmente este logro para el productor paraguayo? No se trata simplemente de cargar un camión y cruzar la frontera. Detrás de este envío existe la implementación de un Sistema Integrado de Medidas de Mitigación de Riesgo. Este protocolo es el que garantiza que el producto paraguayo cumple con las condiciones fitosanitarias, de calidad e inocuidad exigidas por los exigentes mercados internacionales, en este caso, el uruguayo.
La apertura de este canal comercial enciende una luz de esperanza para la agricultura familiar. Tradicionalmente, los productores de San Pedro enfrentan serias dificultades para comercializar sus cosechas a precios justos debido a la intermediación y a la sobreoferta estacional en el mercado local. El acceso a plazas externas, si logra sostenerse en el tiempo con volumen y calidad constante, podría redefinir los márgenes de ganancia para las familias rurales.
El desafío de la continuidad
El gran interrogante que se plantea a partir de este primer paso es si las instituciones estatales y los comités de productores tendrán la capacidad de dar sostenibilidad a este flujo comercial. Exportar una vez puede ser un logro de coyuntura; mantener el mercado exige consistencia, inversión en logística y un control de plagas implacable que no admita relajamientos.
El éxito de este plan piloto con Uruguay determinará si la sandía paraguaya puede consolidarse como un rubro de exportación no tradicional viable o si quedará como una anécdota aislada en los registros del comercio exterior.
