El Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó al alza sus proyecciones para la economía paraguaya y ubica la estimación de expansión del Producto Interno Bruto (PIB) en un 4,5% para este año. La cifra actualiza el cálculo previo del organismo, que proyectaba un dinamismo del 4,3%, y consolida a Paraguay en la franja de los países con mayor tracción económica en la región.
Un desempeño que contrasta con el promedio regional
El ajuste al alza se da en un contexto sudamericano de ritmo moderado. Según el reporte de Perspectivas de la economía mundial elaborado por el FMI, el crecimiento de Paraguay solo se vería superado en la región por Venezuela, con una estimación del 5%. En contraste, el promedio esperado para Sudamérica se mantiene en un 2,1%, una cifra que refleja las distintas velocidades y dificultades estructurales de los vecinos del bloque.
El informe sitúa además las proyecciones globales en un 3,1% para 2026 y un 3,4% para 2027. En ese marco, la brecha entre el desempeño paraguayo y la media regional responde a la estabilidad de sus variables macroeconómicas, aunque el desafío persistente para el país sigue siendo traducir ese porcentaje de expansión en una mejora real y palpable en el ingreso familiar y el empleo formal.
Las perspectivas para los próximos años y la comparación con los vecinos
Hacia adelante, las estimaciones del FMI anticipan que la economía paraguaya mantendrá un ritmo constante, con una proyección del 4% para 2027. Esta previsión sugiere un escenario de regularidad a mediano plazo, alejado de los picos de volatilidad que suelen afectar a los países limítrofes.
Al mirar el entorno regional, las brechas se vuelven evidentes. Para la Argentina, el FMI proyecta un crecimiento del 2,1% este año y del 3,5% para 2027. En el caso de Brasil, la principal economía del Cono Sur, las cifras son del 2,2% en 2026 y del 1,9% en 2027. Por su parte, Uruguay registraría una expansión más modesta del 1,3% este año, recuperando terreno hasta el 2,4% el año próximo.
La lectura de estos datos deja una lección clara para la política económica nacional: estar a la cabeza del crecimiento regional es un indicador macroeconómico favorable, pero la sostenibilidad del modelo dependerá de la capacidad del Estado para amortiguar los shocks externos y lograr que los beneficios de la expansión lleguen al bolsillo de la ciudadanía.
