El sistema de salud pública enfrenta serias dificultades para garantizar que las mujeres con resultados sospechosos en sus controles mamarios accedan a un diagnóstico definitivo y a un tratamiento a tiempo. La falta de articulación entre la detección temprana y la atención especializada se mantiene como un obstáculo crítico, en un contexto donde Paraguay registró 401 muertes de mujeres por cáncer de mama durante el año 2025.
Actualmente, la red de salud del Estado dispone de 56 mamógrafos distribuidos en diferentes puntos del país para la realización de estudios de tamizaje. Sin embargo, la disponibilidad de estos equipos no resulta suficiente para frenar la mortalidad si no se asegura el proceso posterior a la mamografía, periodo que resulta determinante para el pronóstico de las pacientes.
El desafío del diagnóstico y tratamiento oportuno
El principal cuello de botella en la atención de esta patología se traslada al periodo subsiguiente a la realización del estudio inicial. Según los datos del sector, el desafío central de las autoridades sanitarias consiste en acortar los tiempos de espera entre el hallazgo de una imagen sospechosa, la realización de las biopsias confirmatorias y la posterior derivación a los centros de oncología.
Especialistas del área coinciden en que la demora en estas etapas reduce de forma significativa las posibilidades de éxito de los tratamientos. Cuando la enfermedad se detecta en estadios iniciales y se aborda sin dilaciones, las probabilidades de curación son elevadas. Por el contrario, las fallas en el seguimiento continuo del paciente derivan en diagnósticos tardíos que impactan directamente en las cifras de mortalidad registradas en el país.
