La senadora Yolanda Paredes confirmó sus aspiraciones de competir por la Presidencia de la República en las elecciones generales de 2028 bajo la bandera del Partido Cruzada Nacional. La movida reordena el tablero interno de la agrupación: su líder histórico, Paraguayo “Payo” Cubas, descarta en esta oportunidad la carrera ejecutiva para intentar un retorno a la Cámara de Senadores. El anuncio, sin embargo, plantea una pregunta de fondo insoslayable para el electorado no colorado: ¿tiene esta fuerza la capacidad de sostener el capital político de 2023 tras un acelerado proceso de sangría parlamentaria y fractura interna?
El contexto actual dista de manera sustancial del escenario de hace tres años. En las elecciones generales de 2023, la irrupción de Cruzada Nacional reconfiguró la representación política del país. En aquel momento, Cubas obtuvo 692.663 votos, que representaron el 22,91% del total de los sufragios, posicionándose como la tercera fuerza nacional. Ese respaldo popular se tradujo en una presencia legislativa clave con cinco bancas en el Senado y cuatro en la Cámara de Diputados, situando al sector como una referencia insoslayable de la oposición.
Pérdida de espacio parlamentario y desgaste de la conducción
Pese a la contundencia de aquellas cifras, el capital legislativo de la nucleación sufrió un rápido proceso de erosión. Diversas disputas internas, dimisiones y expulsiones alejaron a la mayoría de los parlamentarios que ingresaron por la nómina partidaria. Uno de los episodios centrales de esta fragmentación se registró en junio de 2024, cuando Cubas anunció la expulsión del senador José Oviedo. Esa decisión dejó a Paredes como la única integrante del bloque original en la Cámara Alta que se mantiene alineada con la conducción del partido.
A este alejamiento se suman otros casos de alto perfil mediático, como el del senador Javier Vera, conocido como “Chaqueñito”, cuya desvinculación es reconocida por la propia Paredes como un antecedente que obliga al partido a revisar sus criterios de selección de postulantes. Estas salidas exponen una contradicción recurrente en la política nacional: la fragilidad de las estructuras emergentes para sostener la disciplina partidaria e institucional frente a los personalismos. Las críticas del sector disidente apuntan al estilo de conducción de Cubas, calificado de personalista por sus detractores debido a sus constantes enfrentamientos y descalificaciones a antiguos aliados.
El dilema de la unidad opositora frente a 2028
Frente al nuevo escenario electoral, Paredes manifestó su disposición a integrarse a un mecanismo de selección para acordar una candidatura única de la oposición. Entre los eventuales aliados, la legisladora mencionó la posibilidad de entablar conversaciones con el movimiento YoCreo, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y otros sectores que buscan disputar la conducción del Estado al Partido Colorado.
Sin embargo, la postura partidaria presenta ambigüedades. Paralelamente a la predisposición al diálogo, Cruzada Nacional ratificó la intención de presentar una candidatura presidencial propia. Una postulación independiente de Paredes repetiría el esquema de dispersión del voto no colorado observado en 2023, factor que terminó facilitando el triunfo de Santiago Peña. La encrucijada para la agrupación será definir si apuesta a un proyecto colectivo o si prioriza el mantenimiento de su identidad electoral de forma aislada.
La aspiración de Paredes y el repliegue estratégico de Cubas al ámbito legislativo buscan reactivar una estructura debilitada. Resta determinar si el descontento ciudadano que impulsó a Cruzada Nacional hace tres años se mantiene intacto o si el desgaste institucional sufrido en el Congreso habrá cambiado definitivamente la percepción del electorado.
