El flujo de recursos del Estado hacia el sector de la construcción volvió a sufrir un freno que enciende las alarmas en el sector privado. De los USD 100 millones que las empresas viales y de obras civiles esperaban percibir durante el mes de septiembre, las arcas públicas desembolsaron apenas entre USD 43 millones y USD 44 millones. La diferencia no es menor: deja un saldo pendiente que mantiene la deuda acumulada del Fisco con los contratistas en torno a los USD 150 millones, exponiendo nuevamente la fragilidad con la que el Gobierno administra la caja de la infraestructura pública.
El desfase entre lo prometido y lo ejecutado abre una pregunta de fondo para la economía nacional: ¿hasta qué punto el equilibrio fiscal preconizado por el Poder Ejecutivo se sostiene sobre el diferimiento de sus compromisos con los proveedores del Estado? Cuando las transferencias se recortan a menos de la mitad de lo estimado, la meta presupuestaria se cumple en los papeles, pero la economía real sufre un torniquete.
Efecto cascada en la cadena de pagos
La demora en la cancelación de estos pasivos no es un problema abstracto de finanzas públicas; golpea de manera directa la liquidez de las empresas y se traslada en forma inmediata al resto de la actividad económica. En la práctica, cada mes que el Estado retrasa sus desembolsos, las empresas deben recurrir al endeudamiento bancario para sostener las planillas de sueldos, el combustible y el suministro de insumos básicos.
Desde el sector afectado señalan que esta brecha presiona fuertemente la cadena de pagos. El pequeño subcontratista, el proveedor de materiales de cada localidad y los propios trabajadores de la construcción son el eslabón final que absorbe el impacto de esta falta de previsibilidad financiera. La ecuación es simple: sin cobro regular, la continuidad de los frentes de obra se vuelve inviable en el mediano plazo.
La expectativa puesta en el cierre de año
A pesar del magro resultado de septiembre, los constructores mantienen la expectativa de que el Gobierno salde los compromisos pendientes antes de la finalización del ejercicio fiscal. La promesa oficial de regularizar las deudas históricas y mantener la dinámica de la obra pública vuelve a ponerse a prueba frente a la disponibilidad real de recursos en el tramo final del año.
El dilema para la administración central radica en ajustar los tiempos de la tesorería sin paralizar un sector clave para el empleo y la dinamización del mercado interno. Regularizar los USD 150 millones aún pendientes no será solo una muestra de cumplimiento contractual, sino la señal que el mercado requiere para determinar si la inversión pública seguirá siendo un motor del desarrollo o un factor de incertidumbre.
