La crisis institucional abierta en el Poder Ejecutivo ofreció este jueves una escena de ribetes insólitos en el Palacio Legislativo. El presidente del Congreso, Basilio Núñez, formalizó la convocatoria a ambas cámaras para tratar la renuncia presentada por Santiago Peña a la Presidencia de la República, fijando la sesión extraordinaria para las 17:00. Sin embargo, en un recorrido institucional paralelo y contradictorio, la Cámara de Diputados continuó sesionando e ignoró el trámite de la dimisión para votar, por unanimidad, el inicio de un juicio político contra el mandatario. La superposición de ambos procedimientos plantea interrogantes inmediatos sobre la cohesión del oficialismo y el encuadre legal que ordenará la sucesión.
El cronograma de la sucesión en el Senado
El esquema trazado desde la titularidad del Congreso busca concretar una transición rápida durante la misma jornada. De acuerdo con el cronograma oficial, tras el tratamiento de la renuncia de Peña a las 17:00, se prevé la convocatoria a Pedro Alliana a las 18:00 para prestar juramento como nuevo presidente de la República. Posteriormente, a las 19:00, asumiría Antonio Barrios, quien fue designado para ocupar la Vicepresidencia vacante.
Desde la perspectiva estrictamente reglamentaria, la aceptación del dimitente no requiere mayorías cualificadas. La Carta Magna establece que para validar la renuncia presidencial se precisa una mayoría simple, es decir, la mitad más uno de los legisladores presentes. En un escenario de asistencia perfecta de los 125 parlamentarios que integran ambas cámaras, el oficialismo requeriría un piso de 63 votos para dar curso legal a la salida del jefe de Estado y habilitar la asunción de Alliana.
La vía del juicio político en la Cámara Baja
La incógnita principal radica en la señal política emitida desde la Cámara de Diputados. Al avanzar de manera unánime con la aprobación del juicio político en forma simultánea a la convocatoria de la bicameral, la Cámara Baja desconoció en los hechos el trámite de renuncia impulsado por la Presidencia del Congreso. Esta dualidad de actuaciones contrapone dos vías de salida para un mismo acontecimiento político: la dimisión voluntaria con sucesión pactada o la remisión por la vía de la destitución parlamentaria.
El choque de estrategias en el seno del propio Poder Legislativo refleja una severa descoordinación en el manejo de la crisis política. Mientras el Senado pretende encauzar la transmisión del mando bajo un libreto de continuidad institucional prefijado, el pronunciamiento de los diputados introduce una variable de censura formal sobre la gestión saliente que condiciona el marco en el que asumirán las nuevas autoridades.
