¡Chore! Prepará el pañuelo para llorar frente al surtidor porque se vino el hachazo que nadie quería recibir. Los emblemas privados de combustible ya empezaron a remarcar sus precios y el bolsillo del arriero paraguayo lo va a sentir con todo. Si estabas planeando tu viaje de fin de semana, vas a tener que pensar seriamente en desempolvar la bicicleta o andar a tracción a sangre, porque llenar el tanque ahora es un lujo digno de magnates.
El mismísimo Miguel Velázquez, capo de la Asociación de Propietarios y Operadores de Estaciones de Servicios y Afines (Apesa), soltó la bomba en el programa Espresso Informativo de La Tribu 650 AM. Según el karai, las primeras modificaciones ya están corriendo y no son ninguna vyresa: el diésel sube entre G. 600 y G. 700 por litro, mientras que las naftas registran un aumento de entre G. 450 y G. 500. ¡Nambrena! Justo cuando la sitú ya estaba más que argel.
Pudo ser peor: El fantasma de los G. 1.200
Aunque ahora mismo ya nos queremos estirar de los pelos, Velázquez tiró un dato que da escalofríos y que demuestra que la sacamos barata (por ahora). Según los cálculos de reposición y la cotización internacional que viene jodiendo desde julio, la suba real del diésel tenía que ser muchísimo más mbarete.
«El diésel debería registrar un incremento de entre G. 1.000 y G. 1.200 por litro»
¿Y por qué no nos clavaron ese monto de una? Y de puro buenos no es, chamigo. Las empresas privadas se están cuidando las espaldas porque saben que la competencia en la calle está perra. Si suben demasiado, la muchachada va a correr en masa a cargar en las estaciones de la estatal Petropar, que suele hacerse de rogar para alzar sus precios y se queda con toda la clientela.
La mudanza de clientes y el milagro de Petropar
El mercado paraguayo consume mensualmente una locura de entre 300 y 320 millones de litros de combustible, que se reparten entre unas 23 empresas. En este escenario, Petropar juega a ser el salvador del pueblo retrasando las subas. Velázquez recordó que en abril pasado, la estatal pasó de vender unos humildes 35 a 40 millones de litros a meter un salto impresionante de 80 millones de litros en un solo mes porque sus precios eran más bajos. ¡La gente corrió como para el concierto de su vida!
Pero ojo, que recuperar a esos clientes que huyen por culpa de los precios altos no es soplar y hacer botellas. Al sector privado le cuesta un perú que el consumidor vuelva a su estación habitual una vez que cambió de hábitos. Por eso, están regulando el golpe para no quedarse sin un solo cliente en pista.
¿Y si miramos a Brasil? ¡Allá hay regalito estatal!
Para meterle más sal a la herida, Velázquez comentó que en Brasil la cosa es muy diferente porque el gobierno de allá metió una segunda subvención al diésel, dándoles un empujón de unos 2 reales por litro. Pero acá en Paraguay, olvidate de los milagros: el directivo descartó totalmente que existan condiciones para hacer algo parecido y descartó una reducción del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) para frenar el impacto. Así que a aguantar de pecho el golpe, porque el combustible sube y tu sueldo… bien gracias.
