El presidente Santiago Peña presentó en Washington el proyecto Yguazú Digital, una iniciativa impulsada junto con el gobierno de Taiwán que busca posicionar a Paraguay como un nodo regional para la instalación de infraestructura digital, centros de datos e inteligencia artificial. Durante la agenda oficial, el mandatario mantuvo un encuentro con Teresa Carlson, ejecutiva de la firma tecnológica Anthropic, para promocionar el uso del potencial energético del país como factor de atracción de capital intensivo en tecnología. La propuesta de fondo plantea un giro estratégico: transformar el excedente de energía hidroeléctrica en capacidad de procesamiento de datos, un sector con alta demanda global pero con exigencias complejas en materia de infraestructura y empleo.
La estrategia en Washington y el factor energético
La narrativa oficial descansa sobre un pilar histórico: la disponibilidad de energía limpia, renovable y de flujos continuos. Según expuso el mandatario en la capital estadounidense, el objetivo del Gobierno es orientar esa capacidad energética hacia el desarrollo de la economía del conocimiento, mencionando potenciales aplicaciones de la inteligencia artificial en áreas como la agricultura de precisión, la medicina, el transporte, la seguridad y la gestión pública.
“Nuestro objetivo es claro: mejorar los servicios públicos, elevar la productividad y crear empleos de calidad”
, sostuvo el jefe de Estado al fundamentar la proyección internacional del proyecto.
El contexto internacional favorece la búsqueda de espacio para la infraestructura digital de gran escala. Las grandes empresas tecnológicas requieren niveles sustanciales de potencia eléctrica para sostener el procesamiento de datos y el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial. En ese mapa, Paraguay cuenta con una ventaja comparativa en oferta bruta de energía, aunque la verdadera discusión de política pública no radica únicamente en vender megavatios, sino en el valor agregado efectivo que este modelo dejará en el tejido productivo y laboral del país.
Avances del sector privado y proyecciones operativas
En el marco de esta misma línea de negocios, esta semana se formalizó una alianza estratégica entre la firma estadounidense Crusoe y la empresa paraguaya Araico. Este acuerdo contempla el desarrollo de infraestructura de computación de alto rendimiento alimentada directamente con energía hidroeléctrica de la central binacional Itaipú. La instalación estará ubicada estratégicamente junto a la subestación de la hidroeléctrica para garantizar la conexión directa a la red de generación.
De acuerdo con los datos brindados por las compañías, el proyecto prevé iniciar su primera etapa operativa hacia mediados de 2027. El plan contempla una capacidad inicial que podrá escalar hasta los 106 MW, con una proyección de expansión de largo plazo de aproximadamente 280 MW. La capacidad operativa estará orientada a atender tanto a clientes de servicios en la nube en Estados Unidos como a la incipiente demanda regional de procesamiento en América Latina. Respecto a esta operación, el presidente Peña afirmó:
“Esta alianza entre Crusoe y Araico genera directamente nuevo valor a partir de nuestros recursos naturales. Atrae empleos, inversión, tecnología e innovación a Paraguay”
.
El desafío de traducir megavatios en desarrollo real
El desembarco de proyectos de procesamiento intensivo de datos plantea una oportunidad indudable para la captura de inversión extranjera directa, un indicador permanentemente buscado por la administración actual. Sin embargo, el análisis riguroso de esta política exige mirar más allá del anuncio oficial. La instalación de centros de datos requiere un altísimo consumo energético, pero por su propia naturaleza operativa, tiende a generar una cantidad modesta de empleos directos una vez concluida la fase de construcción de la infraestructura.
El desafío central para el Gobierno no consistirá solo en ceder bloques de energía limpia a tarifas competitivas, sino en garantizar que estas radicaciones transfieran tecnología, capaciten a profesionales locales y contribuyan a la recaudación fiscal en proporción al recurso estratégico utilizado. La diplomacia económica en Washington abre las puertas a actores de primer nivel global, pero la sostenibilidad de este modelo se medirá en los resultados concretos: si la energía paraguaya servirá para financiar el salto al desarrollo o si continuará exportándose en forma de insumo básico, esta vez codificada en bits. La respuesta a esta interrogante definirá si Yguazú Digital se convierte en un motor de transformación estructural o en un hito más de la retórica oficial de atracción de inversiones.
