La Unión de Bioquímicos del Paraguay (UBP) confirmó la realización de un nuevo paro nacional de 10 días tras el fracaso de las negociaciones salariales con las autoridades del Poder Ejecutivo. La medida de fuerza, cuya fecha de inicio se definirá en las próximas horas, amenaza con paralizar la atención en los laboratorios de la red pública de salud en todo el territorio nacional, reabriendo un conflicto que expone las tensiones estructurales en el financiamiento del sistema sanitario estatal.
El punto de discordia central reside en la insuficiencia de la oferta oficial frente a las pretensiones del sector. Tras una primera movilización, el Gobierno ofreció un reajuste de G. 500.000, cifra que fue categóricamente rechazada por la asamblea gremial. Los profesionales reclaman un incremento de G. 2 millones por cada vínculo laboral, argumentando que el monto propuesto por las autoridades no compensa el deterioro acumulado de sus ingresos.
La brecha entre el costo de vida y los ingresos del sector
La dimensión económica del reclamo se comprende al examinar la estructura salarial vigente en la salud pública. Actualmente, un profesional bioquímico bajo régimen de contratación percibe un ingreso mensual de G. 3.600.000, mientras que el personal nombrado alcanza los G. 4.300.000. Según los datos expuestos por el propio gremio, estas cifras representan una pérdida de poder adquisitivo del 77 % en los últimos años, un desfase sustancial al contrastarlo con la inflación acumulada y el costo de la canasta básica.
La vocera de la UBP, la doctora Laila Peña, cuestionó la falta de respuestas definitivas por parte de los negociadores oficiales. La representante gremial enfatizó que la pérdida del valor real del salario impide a los trabajadores cubrir gastos esenciales, sosteniendo que la propuesta de G. 500.000 resulta insuficiente para resolver el problema de fondo que afecta a la profesión.
Promesas oficiales frente a la urgencia presupuestaria
Por parte del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, el ministro Isaías Fretes señaló anteriormente la intención del Poder Ejecutivo de triplicar los fondos destinados a la compra de reactivos e insumos hospitalarios, además de buscar mecanismos extraordinarios para financiar la recomposición salarial. Sin embargo, para la dirigencia gremial, las intenciones manifestadas por la cartera sanitaria no se han traducido en compromisos presupuestarios concretos ni en resoluciones vinculantes.
El escenario plantea un dilema recurrente en la administración pública: la distancia entre las promesas de gestión y la disponibilidad real de recursos en el presupuesto general. Mientras las autoridades apuestan a dilatar los plazos de negociación en busca de calzar las partidas financieras, los profesionales de la salud recurren a la medida de fuerza para evitar que el reclamo quede relegado en la agenda política.
La eventual concreción de este paro de 10 días no solo afectará la rutina de los centros asistenciales, sino que pondrá a prueba la capacidad de contención del Ministerio de Salud. Resta ver si el Gobierno presentará una contrapropuesta técnica que evite la interrupción de un servicio crítico o si el conflicto escalará hacia una parálisis de mayor alcance en el sistema sanitario nacional.
