La crisis que atraviesa ueno bank encendió las alarmas en el tablero financiero local y ya generó el primer pronunciamiento de peso internacional. La agencia calificadora Moody’s advirtió que la resolución de la entidad podría provocar demoras e incluso pérdidas directas para los depositantes cuyos fondos superan el límite de la cobertura legal. Sin embargo, la firma sostiene que el impacto en el sistema bancario paraguayo será manejable, siempre que el regulador logre contener el foco de inestabilidad sin sobresaltos.
El dilema de los depósitos no garantizados
El punto más sensible del informe de la clasificadora de riesgo reside en el destino de los ahorros de mayor volumen. En Paraguay, la red de seguridad financiera contempla un tope de cobertura por persona y por entidad; por encima de ese umbral, el respaldo estatal deja de operar. Moody’s deja claro que la resolución de la entidad pone en zona de riesgo a los clientes con saldos elevados, quienes podrían enfrentar quitas o plazos de recuperación extendidos durante el proceso de liquidación o reestructuración.
Esta advertencia pone sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿hasta qué punto el ahorrista promedio o las empresas medianas dimensionan el riesgo sistémico al momento de elegir dónde colocar su capital? La respuesta a este interrogante no solo define el futuro de las acreencias en este caso puntual, sino que condiciona la conducta de los depositantes en todo el mercado financiero.
Efecto contagio y el rol del Banco Central
Pese al diagnóstico severo sobre los depósitos no garantizados, Moody’s matiza el escenario macroeconómico. La calificadora sostiene que el riesgo de contagio hacia el resto de los bancos es limitado. No obstante, esa premisa depende de una condición crítica: la capacidad del Banco Central del Paraguay (BCP) para ejecutar un plan de salida ordenado, oportuno y transparente.
El regulador se encuentra ante la prueba de fuego de demostrar la fortaleza institucional del esquema de supervisión. Si el BCP actúa con solvencia técnica para aislar los activos con problemas y resguardar la liquidez general, la desconfianza no debería trasladarse a las demás entidades. Si la intervención se dilata o genera vacíos de información, el costo reputacional podría salpicar a todo el sistema.
Reforma regulatoria y competencia bancaria
Más allá de la coyuntura inmediata, el informe de la agencia anticipa que el caso de ueno bank actuará como un catalizador de transformaciones estructurales. Por un lado, se prevé un aceleramiento en los cambios regulatorios, con exigencias de supervisión más estrictas para entidades de rápido crecimiento o modelos de negocio intensivos en tecnología y captación masiva.
Por otro lado, la crisis modificará la dinámica de competencia entre los bancos de la plaza. En situaciones de incertidumbre, el mercado suele ejecutar un ‘vuelo hacia la calidad’, redirigiendo depósitos hacia las instituciones de mayor trayectoria y respaldo patrimonial. El desenlace de este proceso determinará si la banca paraguaya sale de esta sacudida con normas más sólidas o si la desconfianza terminará encareciendo el crédito para el sector productivo y las familias.
