La empresa estatal Petropar aplicó desde este miércoles 28 de octubre un incremento de hasta G. 600 por litro en los precios del gasoil. La medida impacta de manera directa en la estructura de costos de los sectores productivos y del transporte, en un momento donde la economía doméstica intenta asimilar la volatilidad del contexto internacional. Mientras los combustibles derivados para motores diésel sufren esta marcación al alza, la petrolera pública optó por congelar, al menos de forma temporal, los valores de su línea de naftas.
El reajuste no es menor si se evalúan los porcentajes en góndola. El Diésel Porã experimentó una suba del 5,7%, al pasar de G. 8.785 a G. 9.285 por litro. En tanto, el Diésel Mbarete trepó de G. 10.795 a G. 11.395 por litro, lo que representa una variación del 5,6%. Por su parte, las naftas Kape 88, Oikoite 93 y Aratiri 97 mantendrán sin cambios sus tarifas vigentes. Sin embargo, para los clientes del interior del país, el costo final será superior: la propia entidad recordó que en las estaciones ubicadas a más de 50 kilómetros de la planta de Villa Elisa se sumará el recargo por flete.
El argumento oficial y la volatilidad externa
El argumento de la administración central descansa sobre la coyuntura externa. El presidente de Petropar, William Wilka, fundamentó el retoque en el comportamiento del crudo a nivel global, señalando una escalada de precios de alta intensidad en los últimos meses.
El principal factor detrás del reajuste es el incremento sostenido de los precios internacionales de los combustibles, que acumulan una suba del 104% desde febrero pasado.
El titular de la petrolera estatal proyectó además que estos valores podrían mantenerse vigentes durante al menos un mes, aunque dejó abierta la puerta a un escenario más complejo. Wilka advirtió que los daños en infraestructuras petroleras derivados del conflicto armado en Irán, sumados a la marcada contracción de las reservas estratégicas en diversos países, generan un marco de incertidumbre que amenaza con prolongar la cotización alta del crudo en el mediano plazo.
El diésel como motor y el peligro del traslado a precios
Más allá de las explicaciones oficiales, la pregunta de fondo radica en el margen real que tiene la petrolera estatal para amortiguar los shocks externos antes de trasladarlos al consumidor final. El gasoil no es un insumo más en la matriz económica paraguaya: es el combustible que mueve el transporte público, la flota logística de distribución de mercaderías y la maquinaria agrícola. Cuando el diésel sube, la presión inflacionaria se traslada con rapidez a la canasta básica.
Resulta llamativo que, tras un incremento acumulado del 104% en el mercado internacional desde febrero, la corrección se aplique de forma abrupta en este tramo del año. La contención previa de tarifas suele responder más a cálculos políticos o de oportunidad que a criterios estrictamente financieros, lo que termina por encarecer la factura de golpe cuando el margen operativo de la estatal se agota.
El desafío inmediato para el sector productivo será administrar este nuevo piso en los costos operativos. Si el escenario geopolítico no ofrece tregua y las reservas globales continúan bajo presión, el ajuste actual difícilmente sea el último del año, poniendo a prueba la efectividad de las políticas de contención del Gobierno en un área clave para la estabilidad económica.
