¡Nambrena! Cuando pensabas que ya lo habías visto todo en el culebrón de A Ultranza PY, salta un detalle digno de una serie de Netflix que está haciendo arder los grupos de WhatsApp en todo el país. Resulta que el prófugo más churro y buscado de la región, el mismísimo uruguayo Sebastián Marset, no solo tenía debilidad por el fútbol y los lujos, sino que también le rezaba con alma y vida a un santo bastante particular. ¡Mba’e!
Durante el juicio oral de la megacausa que desmanteló la red de narcotráfico más grande del país, un agente que participó de los procedimientos soltó una perlita que dejó a todos con la boca abierta. Según el mitã’i de la investigación, la simbología de San Jorge aparecía de manera reiterada en casi todos los rincones que frecuentaba la organización atribuida a Marset.
¿El santo de los milagros o del blindaje?
No estamos hablando de una estampita simpática pegada por la heladera, ¡no señor! El investigador relató que la imagen del santo guerrero montado a caballo y clavándole la lanza al dragón estaba presente en estancias, gimnasios y otros espacios clave que fueron allanados por las autoridades en el marco del operativo.
En el mundillo de los muchachos que andan en el jepoka, la figura de San Jorge es ultra conocida por ser el patrono de los soldados y, según la creencia popular, un escudo protector contra los enemigos y las balas. ¿Será que el líder de la organización pensaba que con este santo patrono iba a ser inmune a la justicia paraguaya? ¡Mbóre! Al final, el santo no le salvó de que le desmantelen todo el boliche, aunque él siga prófugo jugando al gato y al ratón.
