¡Se armó el descontrol en la frontera y el avispero está que arde, chamigo! El Departamento contra el Crimen Organizado de la Policía se cansó de los ñembo secretos y metió un guyryry de aquellos en Pedro Juan Caballero. ¿El motivo? Están buscando desesperadamente a Lizani Solís Gómez, nada más y nada menos que la sobrina del fallecido exdiputado Eulalio “Lalo” Gomes, y a varios “peces gordos” de la lucha antidrogas que habrían jugado al teléfono cortado con los narcos.
El comisario Luis López, capo de la investigación, confirmó que la muchacha se les escapó por un pelito de rana calva. Tempranito allanaron la casa de la mamá, pero la prófuga ya había ganado la calle. “Creemos que está en el país, allanamos temprano el domicilio de la madre, pero salió a las 20:45 de ayer”, tiró el jefe policial a la 1080 AM. ¡Chore! Le avisaron sobre la hora o tiene un sexto sentido para oler la patrullera.
¡Qué joyitas! Los nombres de los buscados
Pero esperen, que esto se pone más argel todavía. No es solo la sobrina la que está en la mira de la Fiscalía. Entre los que supuestamente andaban de soplones y tienen orden de captura con imputación encima, figuran personajes que debían cuidarnos y terminaron, presuntamente, vendiendo la info al mejor postor:
Hugo Derlis Baptista Báez (56), director general antidrogas; Cristian Porfirio Amarilla Cabaña (48); el Cnel. Aldo Osmar Pintos Martínez (50), ex comandante de las fuerzas especiales y Alicia Marlene Vázquez Samaniego (43), de Inteligencia.
¡Nderakore! Con directores, coroneles y agentes de inteligencia supuestamente jugando para el equipo contrario, es obvio que ningún operativo iba a salir bien en este bendito país. Los muchachos tenían la información de primera mano y, según las sospechas, hacían volar los chats antes de que los uniformados siquiera cargaran sus armas.
¿Por qué tardaron tanto, karai?
La gente ya está haciendo arder el WhatsApp preguntándose por qué tardaron una eternidad en actuar si los chats ya eran más públicos que el tereré jere. Ante la consulta de por qué se tomó tanto tiempo desde que saltaron los mensajes comprometedores, el comisario Luis López se defendió como gato panza arriba asegurando que nunca se desentendieron del caso, sino que se dedicaron a recabar informaciones bien mbarete para no errar el golpe.
La novela del caso Lalo Gomes suma así un capítulo de puro terror y traición que deja en evidencia que la filtración de información es el deporte nacional favorito de algunos de nuestros “protectores”. ¡A prepararse el pochoclo porque esto recién empieza!
