La disputa por la hegemonia de la chapa presidencial para las elecciones de 2028 expuso la primera gran grieta en el núcleo duro del oficialismo. El vicepresidente de la República, Pedro Alliana, confirmó que el titular de la Asociación Nacional Republicana (ANR) y líder de Honor Colorado, Horacio Cartes, le comunicó personalmente la decisión de dar un volantazo político: desplazarlo de la carrera presidencial para ubicar en su lugar al actual ministro de Urbanismo, Vivienda y Hábitat, Juan Carlos Baruja. Lejos de acatar el mandato en silencio, Alliana abrió un frente de tormenta al ratificar que su precandidatura sigue vigente y advertir que evaluará competir por fuera de la estructura oficialista.
El desencuentro no representa un mero choque de egos, sino una pulseada de poder real sobre la construcción del proyecto político de la ANR hacia el próximo período gubernamental. El hecho plantea una interrogante inevitable sobre los límites del verticalismo partidario: ¿hasta qué punto la dirigencia de base está dispuesta a validar decisiones unilaterales de la conducción cuando estas rompen compromisos asumidos en plenarias y desgastan a sus propias figuras?
El quiebre de la lealtad automática y los reclamos de autonomía
El relato de Alliana sobre el encuentro con el titular del partido expone las tensiones internas sobre los tiempos y las imposiciones en la toma de decisiones. Según explicó el vicepresidente, Cartes justificó la movida argumentando la necesidad de acelerar la definición de la dupla electoral, desoyendo el pedido de tiempo que él mismo había solicitado para consolidar su estructura y definir los acuerdos de acompañamiento.
“Él ya no quiso esperar”, manifestó Pedro Alliana, tras confirmar que su postulación original había sido legitimada en su momento durante una plenaria del movimiento que contó con el respaldo de miles de dirigentes.
El vicepresidente fue categórico al marcar una línea divisoria respecto a su subordinación política dentro del espacio oficialista. Cuestionó la falta de respeto a los procesos de diálogo y remarcó la trayectoria que construyó en el Partido Colorado desde 2005 en Pilar, pasando por la Gobernación de Ñeembucú y la fundación misma del movimiento interno en 2010. En ese sentido, rechazó cualquier intento de sometimiento:
“Que me quieran imponer las cuestiones, no. Fui muy sincero con ustedes, con la ciudadanía, que la situación dentro del movimiento Honor Colorado no estaba bien. No hay que confundir la lealtad con la obsecuencia”.
Escenarios de fragmentación e impacto en el tablero de 2028
La eventual salida de Alliana del esquema de Honor Colorado reconfigura el mapa de fuerzas dentro del coloradismo. Hasta el momento, el vicepresidente no oficializó una bancada independiente ni formalizó su desafiliación del sector, pero dejó en claro que iniciará un periodo de consultas con su entorno familiar, sus bases políticas y la dirigencia territorial antes de definir su postura final.
El trasfondo de esta crisis evidencia además un debate no resuelto sobre el ejercicio del poder Ejecutivo. Alliana enfatizó que, en caso de alcanzar la Presidencia de la República, buscará gobernar con autonomía para la integración de su gabinete y la toma de decisiones estratégicas, una declaración que sugiere fricciones previas sobre la injerencia de la conducción partidaria en la gestión pública. Aunque reveló que Cartes le ofreció ocupar otros espacios políticos dentro de la estructura, aclaró que no aceptó ninguna propuesta de consuelo.
Por el momento, la carrera presidencial del oficialismo queda fracturada en dos veredas: la del proyecto apadrinado por Cartes con Baruja al frente y la resistencia de Alliana, quien apela a su recorrido partidario para disputar el electorado colorado. Resta ver si el aparato partidario logrará contener el repliegue de los sectores que acompañaban al vicepresidente o si este movimiento marcará el inicio de un nuevo bloque de dispersión dentro de la ANR.
