El flujo neto de inversión directa en Paraguay alcanzó un récord histórico de US$ 1.151 millones en 2025, lo que representa un crecimiento del 3% respecto al ejercicio anterior. La cifra confirma que el país mantiene un atractivo constante para la radicación de capital externo. Sin embargo, detrás de la solidez del indicador agregado, el comportamiento sectorial expone una realidad de matices: mientras rubros como las telecomunicaciones, la banca y la agricultura captan recursos, sectores clave para el empleo urbano como el comercio y la manufactura liviana registraron saldos negativos.
El resultado del año se explicó por un volumen bruto de entradas de US$ 4.592 millones, frente a egresos por US$ 3.441 millones. El saldo positivo obedeció principalmente a la inyección de nuevos capitales y a la reinversión de utilidades de empresas ya instaladas. Estos ingresos permitieron compensar los flujos negativos en el rubro de préstamos netos, causados en gran medida por la colocación de activos en filiales o firmas relacionadas en el exterior.
Efecto estadístico y concentración sectorial
Un factor decisivo para entender la magnitud de los datos radica en el trabajo de ajuste técnico. La actualización de las estadísticas oficiales incorporó 512 empresas a la muestra, elevando el directorio a un total de 2.004 compañías. Esta ampliación en la cobertura permitió corregir la serie histórica desde 2008 hasta 2024, ofreciendo una radiografía más certera pero también influyendo en la comparación interanual.
De este modo, el saldo total acumulado de la inversión directa cerró 2025 en US$ 14.774 millones, una suba del 32% respecto al monto revisado del año previo. Cabe precisar que este salto no se debe únicamente al ingreso de dinero fresco durante los últimos doce meses, sino también a revaluaciones por tipo de cambio y a los reajustes contables derivados del nuevo universo de firmas relevadas.
Al mirar la distribución del capital acumulado, el comercio se mantiene como la actividad con mayor peso relativo, concentrando el 18% del total. Le siguen la intermediación financiera con el 15%, las comunicaciones con el 9% y la agricultura con el 7%. En contrapartida, el flujo del último año mostró terreno negativo en comercio, producción de cuero y calzado, molinería, panadería y productos lácteos, áreas de alto impacto en el consumo diario y en la generación de mano de obra local.
Origen de fondos y la posición internacional
En cuanto a la procedencia de las inversiones, el capital registrado en el país proviene de un abanico amplio de 72 países. Entre los principales orígenes figuran Brasil, Países Bajos, Estados Unidos, Uruguay e Islas Caimán, seguidos por Islas Vírgenes Británicas, Argentina, Chile y España. La diversidad muestra que Paraguay sigue estando en el mapa de distintos perfiladores de riesgo global.
A nivel de balance externo, la inversión directa ganó un terreno considerable en la estructura financiera nacional. En 2008 representaba el 14% de los pasivos de la Posición de Inversión Internacional del país; al cierre de 2025, esa proporción escaló al 36%. El dato refleja una transformación estructural: la economía paraguaya depende hoy en mayor medida del capital privado internacional para financiar sus obligaciones con el exterior que hace una década y media.
El contexto regional y la tarea pendiente
El desempeño local se dio en un entorno global de modesta recuperación, donde la inversión directa creció 6% a nivel mundial para sumar US$ 1,6 billones. En América Latina y el Caribe el avance fue del 13,8% (llegando a casi US$ 188.000 millones), impulsado sobre todo por América del Sur, que creció un 19,6% a fuerza de los flujos hacia las economías de mayor volumen.
Paraguay acompaña la tendencia regional con números globales positivos y un orden macroeconómico que la estadística ratifica. Sin embargo, el desafío de fondo sigue intacto: lograr que el récord estadístico de capitales sobrepase el terreno financiero o primario y se traduzca en una diversificación real de la matriz productiva, capaz de dinamizar el empleo industrial y el comercio minorista.
