Soledad Núñez asumió formalmente la Intendencia de Asunción para el periodo 2026-2031, con el compromiso central de transparentar la administración de los recursos municipales y volcar la recaudación en obras públicas. La nueva jefa comunal toma el control de una capital afectada por el deterioro urbano y el descalabro financiero, donde la primera interrogante de fondo no es solo qué reformas pretende ejecutar, sino qué margen real de gobernabilidad tendrá para sostener su plan de gestión.
El trasfondo financiero y el relevo en el Palacio de los López
Núñez, ingeniera civil de 43 años, se convierte en la octava persona en ocupar la jefatura municipal de la capital. Asume el cargo en reemplazo del colorado Luis Bello, quien ejercía la Intendencia desde agosto de 2025. Bello había tomado la posta tras la renuncia de Óscar Rodríguez, cuya salida se produjo en medio de una intervención administrativa que sacó a la luz serios problemas de iliquidez en las arcas municipales.
El traspaso de mando se da luego de los comicios del pasado 4 de octubre, en los que Núñez logró la victoria por un estrecho margen frente al candidato del Partido Colorado, Camilo Pérez, actual presidente del Comité Olímpico Paraguayo (COP). El resultado electoral reflejó un electorado dividido y una exigencia ciudadana enfocada en la fiscalización de los fondos públicos.
El discurso fiscal frente a la realidad del contribuyente
Durante el acto formal, la intendenta dirigió un mensaje a sus simpatizantes centrado en la ética pública y el uso de los impuestos. Planteó que la fiscalización de los recursos no constituye una concesión del poder de turno, sino una obligación institucional ante la ciudadanía.
«Hacer política tiene que ver con la transparencia, no como una concesión de los gobernantes, sino como un derecho de la ciudadanía a saber qué es lo que se hace con su dinero. Hoy quiero decirles a los asuncenos que esa va a ser nuestra manera de gobernar, hoy empezamos un nuevo tiempo», afirmó Núñez.
Asimismo, enfatizó que la prioridad de su administración será la reorientación del gasto municipal:
«Respeto al dinero del contribuyente para que se transforme en obras y en servicios».
La promesa apunta al problema estructural de Asunción, donde históricamente la mayor parte del presupuesto municipal se absorbe en gastos de funcionamiento e intangibles, en detrimento de la infraestructura vial, el desagüe pluvial y la recolección de residuos.
La aritmética política en la Junta Municipal
El escenario político en el cual desembarca la nueva intendenta presenta una marcada asimetría de fuerzas. La Junta Municipal de Asunción quedó conformada por una bancada de 15 concejales colorados, frente a apenas 6 representantes de la plataforma opositora que respalda a Núñez.
Esta correlación de fuerzas implica que cualquier proyecto de envergadura, desde la aprobación del presupuesto anual y la colocación de bonos hasta las ordenanzas tributarias y licitaciones de obras, requerirá de acuerdos puntuales con la mayoría opositora a su gestión. La viabilidad del gobierno de Núñez dependerá de su capacidad para negociar con un legislativo local hegemonizado por el partido que derrotó en las urnas, en un delicado equilibrio entre la firmeza del discurso anticorrupción y la pragmática necesidad de lograr gobernabilidad.
