La estructura del crédito en Paraguay arrastra una distorsión histórica que frena el desarrollo de la economía real: mientras el 43% del financiamiento nacional se destina al consumo, apenas el 5% llega al sector industrial productivo. Ante este escenario, el Ministerio de Industria y Comercio (MIC), mediante el Viceministerio de Mipymes, presentó una propuesta de 13 reformas normativas y reglamentarias para intentar destrabar el acceso al crédito para las micro, pequeñas y medianas empresas. La iniciativa abre una pregunta de fondo para el debate económico local: ¿es posible desarmar la rigidez de un sistema financiero diseñado para el consumo y reorientarlo hacia la producción sin generar riesgos desproporcionados?
La propuesta oficial apunta directamente al corazón del problema de las mipymes, un universo de más de 500.000 empresas que genera cerca del 65% del empleo privado en el país, pero que vive asfixiado por la falta de capital de trabajo o por las tasas del sector informal. Para el analista riguroso, la contradicción salta a la vista: el sector que sostiene la mayor parte de la fuerza laboral paraguaya carece de las garantías tradicionales (como propiedades o flujos de caja corporativos) que las entidades bancarias exigen para abrir el grifo del financiamiento.
Las herramientas bajo análisis: más allá del préstamo tradicional
El paquete de reformas presentado ante legisladores, gremios y referentes del sector financiero no busca inventar la rueda, sino modernizar y operativizar herramientas que en otros mercados de la región ya muestran resultados. El plan contempla modificaciones en diversos instrumentos legales y operativos:
- Garantías Mobiliarias: Un régimen para facilitar que ciertos bienes muebles e insumos de las empresas puedan ser utilizados como respaldo ante las entidades financieras.
- Sociedades de Garantía Recíproca (SGR): Estructuras diseñadas para avalar a las empresas que no cumplen con los requisitos de las carpetas bancarias tradicionales, actuando como un puente de confianza.
- Modernización del Factoraje (Factoring): Un mecanismo clave para que las empresas obtengan liquidez inmediata cediendo sus cuentas por cobrar, reduciendo la dependencia del descubierto bancario.
- Compras Públicas y agilización de pagos: El Estado es un gran comprador, pero un lento pagador. La reforma busca acelerar los desembolsos a las mipymes proveedoras para evitar que queden sin capital de trabajo mientras esperan cobrar por sus servicios.
Las proyecciones oficiales frente al filtro de la realidad
Los impulsores de la propuesta estiman que, de implementarse con éxito estas reformas, el crédito productivo podría registrar una expansión de entre el 20% y el 40%. No obstante, como editorialistas debemos mantener la cautela: estas cifras representan proyecciones de impacto y no resultados garantizados. La efectividad de estas herramientas dependerá exclusivamente de la letra chica de los anteproyectos de ley, de la voluntad política en el Congreso y de la capacidad de adaptación del Banco Central del Paraguay y de las propias entidades financieras.
La presentación de la propuesta contó con el respaldo político inicial de figuras clave del Legislativo, como el senador Luis Pettengill, presidente de la Comisión de Comercio, Industria y Turismo de la Cámara de Senadores; el diputado Héctor Figueredo, titular de la misma comisión en Diputados; y el senador Patrick Kemper, vicepresidente de la comisión del Senado. El consenso político parece estar, pero el verdadero desafío técnico comenzará ahora con la conformación de las mesas técnicas interinstitucionales que redactarán los textos definitivos.
El equilibrio necesario entre el dinamismo y el riesgo
La discusión que se inicia es oportuna y necesaria. Un país que aspira al grado de inversión y a un crecimiento sostenible no puede seguir financiando su economía sobre la base de un consumo que a menudo sobreendeuda a las familias, mientras deja desamparado al sector que genera valor agregado y empleo genuino.
El gran reto de las mesas técnicas será encontrar el punto de equilibrio exacto: flexibilizar las exigencias y diversificar las fuentes de financiamiento para las mipymes a través del sector cooperativo y canales digitales, pero sin debilitar la prudencia financiera que mantiene estable a nuestro sistema bancario. La mesa está puesta; ahora resta ver si la voluntad de reforma sobrevive a la burocracia y a los intereses cruzados del mercado financiero.
