El sueño se mantiene intacto

Nacional rescató un valioso empate ante San Lorenzo en la primera final de la Copa Libertadores. En tiempo de adición y cuando parecía resignado a la derrota, Julio Santa Cruz se encargó de poner el 1-1. La gloria espera en Buenos Aires.

 

En el ambiente se sentía esa sensación particular de los días de las grandes citas. Poco más de un año después, Asunción volvía a ser escenario de un partido de definición del torneo más importante a nivel de clubes en el continente, la capital paraguaya volvía a recibir una final de la Copa Libertadores.

Los protagonistas de esta oportunidad eran diferentes a los de la última ocasión. Esta vez el equipo paraguayo que había llegado a la definición era Nacional, el equipo de Barrio Obrero que hasta esta edición nunca había conseguido pasar siquiera de la fase de grupos. Enfrente estaba San Lorenzo de Almagro, el único de los llamados “cinco grandes del fútbol argentino”que nunca consiguió un título en esta competencia.

Desde temprano en la tarde, las calles del Barrio Sajonia se llenaron de los colores rojo, blanco y azul. Es que si bien no es el de mayor arrastre del fútbol paraguayo, Nacional había conseguido algo que ninguno de los otros grandes del balompié guaraní había conseguido antes: el apoyo unánime de la hinchada local; olimpistas, cerristas, liberteños y de tandos otros equipos llegaron al máximo coliseo para brindar su apoyo a la causa alba.

Gustavo Morínigo tenía que lidiar con la ausencia en el mediocampo de Marcos Riveros, un hombre que él considera clave en el esquema de su equipo; para cubrir ese lugar decidió utilizar al joven Juan Argüello, de apenas 20 años.

Como era de esperarse, fieles a sus estilos, ambos equipos salieron a buscar hacerse con el balón apenas se escuchó el pitazo inicial del árbitro. Ninguno estaba dispuesto a ceder el dominio por lo que por algunos momentos se veía un juego trabado en la zona del mediocampo; eso sí, cada vez que alguno tenía chances hacía sentir la presión al rival.

Durante los primeros 15 minutos, fue la Academia la que tuvo las chances más claras frente al arco rival. La velocidad de hombres como Marcos Melgarejo y Julián Benítez fueron vitales para crear dolores de cabeza a la defensa azulgrana, a ello haría que sumarle también las jugadas de pelota parada.

Un toque de precisión o tal vez de suerte les faltó a Freddy Bareiro y Silvio Torales para aprovechar las dos chances más claras, de esas en las que más de un hincha se levanta del asiento y siente la explosión del grito de gol aflorando en el pecho para luego terminar sentándose, tratando de lidiar con los nervios de citas como éstas.

Como Nacional no aprovechaba y comenzaba a ceder terreno dentro del campo de juego, San Lorenzo fue creciendo dentro de la cancha gradualmente y también tuvo algunas oportunidades en las que hizo que los pelos de los hinchas paraguayos se pusieran de punta. Aunque, hay que decirlo, sin la claridad e intensidad con la que llegaba el Trico.

El cuadro albo dejaba muchos espacios para las corridas argentinas en algunas zonas de la cancha, lo que era aprovechado (o al menos eso intentaban) los volantes azulgranas.

Cuando habían transcurrido 30 minutos del juego, un error en la salida casi le costó muy caro a la Academia. Piatti robó el balón y abrió el juego al costado izquierdo, donde apareció Más que sacó un potente remate de zurda que fue ligeramente desviado por Ignacio Don y terminó estrellándose contra el palo izquierdo del arco nacionalófilo.

El balón volvió a quedar en dominio azulgrana; .Villalba trató de rematar al arco pero la pelota fue a dar contra las piernas de un compañero que trató de hacer un taco y en lugar de eso solo ayudó a la defensa local. Nacional volvía a respirar y los hinchas que estaban al borde de un colapso consiguieron volver a la (relativa) tranquilidad.

En el tramo final de la primera mitad, las cosas se volvieron claroscuras para Nacional. San Lorenzo consiguió un amplio domino del balón y comenzó a apretar a un Tricolor que aguantaba estoicamente pero que no encontraba forma de conectar la fase defensiva con la ofensiva.

Así, balón que se recuperaba era balón que se perdía en la mediacancha o cuando mucho en tres cuartos del terreno.

Con el fin del primer tiempo, se esperaba que Morínigo consiguiera darle el orden a su equipo; esa característica tan habitual en los de Barrio Obrero pero que esta vez faltaba tanto dentro del campo de juego.

Pero el orden no apareció durante los primeros minutos de la segunda mitad. De hecho, las cosas se le iban complicando cada vez más al Tricolor que estaba muy lejos del nivel arrollador mostrado en este mismo escenario ante el Defensor Sporting y muy cerca de la pobreza del juego ante el equipo charrúa en el Estadio Centenario.

Como ya había ocurrido en el primer tiempo, Nacional cedía espacios -demasiados- dentro del campo de juego, algo que San Lorenzo pretendía explotar al máximo.

Y fue así que consiguió dar el primer golpe. En el minuto 64, una gran jugada colectivas terminó con un centro desde el costado derecho que Mauro Matos consiguió conectar para terminar definiendo de volea y enviando el balón al fondo de las redes del arco protegido por un Nacho Don que nada más pudo hacer para evitar la caída de su portería.

 

La cuestión ahora estaba 1-0, aunque la diferencia futbolística parecía mayor.

Nacional trataba de reaccionar, de mostrar algún signo de rebeldía pero la entrega y el corazón no hacían mella en un San Lorenzo ordenado dentro del campo de juego. Llegaron algunos intentos personales liderados por hombres como Cecilio Domínguez o Marcos Melgarejo, pero sin efectividad alguna.

Así el cronómetro seguía con su dictatorial marcha, sin escuchar razones ni las plegarias de la hinchada paraguaya. Nacional seguía intentando, daba pelea como podía pero San Lorenzo seguía generando llegadas que hacían encender las luces rojas de la zona defensiva.

El minuto 90 se cumplió y se dieron unos pocos más de adición.

Era cuestión de segundos para que el árbitro diera el pitazo final cuando llegó un centro largo que Freddy Bareiro peinó, para que a sus espaldas apareciera Julio Santa Cruz, quien había ingresado unos minutos antes, para definir cayéndose. El remate fue a parar en un ángulo, ese rincón inalcanzable de las manos del arquero; y liberó el grito contenido en las gargantas paraguayas.

Nacional rescató un empate extremadamente valioso, por la forma en la que se dio, y con un importante envión anímico ahora buscará escribir otra página de historia en el Nuevo Gasómetro ante una multitud azulgrana y levantar así la tricolor en lo más alto del cielo sudamericano.

Fuente: ABC Color