El único que pudo salvarse en la panadería del Ycuá

Bernardo Ríos era encargado de la panadería del Supermercado Ycuá Bolaños, el día del incendio. Es el único que pudo salir vivo entre sus compañeros de la sección. «Fue Dios quien me salvó», asegura.

 

En la mañana del domingo 1 de agosto de 2004, Bernardo Ríos recibió instrucciones del mismo hijo del propietario del Supermercado Ycuá Bolaños, Víctor Daniel Paiva, a quien llama «Don Dani», de que elabore «muchos bocaditos» en la sección panadería que él dirigía, porque esperaban recibir a muchos clientes para seguir celebrando el Día de la Amistad (30 de julio) y algunos cumpleaños infantiles.

 

«Me pidió que elaboremos entre 500 a 600 panes felipes, de los más pequeños, pero como a las 10:30 de la mañana, Don Dani me llamó por teléfono y me dijo que saque todo a la venta, porque ese día íbamos a cerrar temprano», relata.

Pensando que la llamada pudo tratarse de una broma de algunos compañeros, Bernardo salió a buscar a Paiva para preguntarle si fue él realmente quien le dio la orden por teléfono, y el empresario le aseguró que sí.

«Eran poco más de las 11 de la mañana y en ese momento vi que las puertas ya se estaban cerrando», dice Ríos.

El encargado de la panadería regresó a su lugar de trabajo, que quedaba junto al salón de ventas, cuando escuchó una fuerte explosión, lo cual le hace suponer que no fue un incendio normal, si no que pudo ser un atentado.

Vivo, por milagro

«Sentimos un ruido muy fuerte, una gran explosión, y pude ver como se venía abajo la chimenea de la cocina, que estaba a unos 25 metros de donde nosotros trabajábamos», recuerda.

Todos los trabajadores de la panadería, con excepción de Bernardo, corrieron hacia el salón de ventas y quedaron atrapados por el fuego, ninguno de sus compañeros sobrevivió.

«Yo me fui hacia la puerta de atrás, que daba a un lugar donde descargaban las mercaderías. Ese día habían recibido por allí los lácteos, y luego la habían cerrado, pero era una puerta que por abajo tenía metal, como un metro de altura, y encima vidrio. Yo pude romper el vidrio y salir por allí», relata.

Pero el lugar de depósito de mercaderías tenía otra puerta que también estaba cerrada. Bernardo se cubrió el rostro con su remera y su delantal y buscó refugiarse detrás de los estantes, tratando de no ser alcanzado por el fuego. Ya estaba a punto de desfallecer cuando una voz le indicó una salida.

«La voz me dijo: ‘Vení, te voy a ayudar a salir’. Yo seguí la indicación, subí por una parte del hormigón, alcancé un boquete y pude salir. Solo recuerdo que me desperté 15 días después en una cama del Hospital del Instituto de Previsión Social», narra Bernardo.

Lo curioso es que no había registros de quien lo ingresó al IPS, ni nadie supo cómo llegó allí. Por eso, él está convencido de que fue una fuerza superior la que lo salvó. «Yo digo que fue el propio Dios el que me sacó con vida», relata.

Fuente: Ultima Hora